El Marzo paraguayo que no fue. Un análisis de la coyuntura política paraguaya.

La indignación ciudadana es importante, visto que contribuye a una memoria colectiva de luchas, que transforman a largo plazo la sociedad. Al mismo tiempo, la indignación debe estar acompañada de una estrategia política pragmática que posibilite una alternativa política a los poderes fácticos que gobiernan el país desde hace décadas. Luego de una semana agitada, al parecer, no habrá grandes cambios (si esperamos resultados inmediatos). El país continuará como antes (o peor si consideramos el rápido avance de la epidemia en los últimos días). La desesperación de los familiares es una indignación legítima que no puede ser tratada cediendo a las cúpulas de poder, como lo hizo el gobierno con sus últimos cambios de ministros. La población está cansada de una gobernabilidad que sólo beneficia a los sectores de poder. La excesiva utilización o amenaza de juicio político preocupa, porque impide en gran medida la consolidación de las instituciones en el país. Pero quizás, lo que más preocupa, es la selectividad de la concreción de las destituciones presidenciales y la continuidad poco democrática de un mismo partido en el poder por más de setenta años. Paraguay pasó de ser uno de los países que mejor enfrentó la primera oleada de la pandemia a ser uno de los últimos de la región en términos de índice de vacunación. El país vive prácticamente una crisis social total, si consideramos las crisis sanitaria y política, la crisis del sistema educativo, la corrupción generalizada y una economía, que si bien resiste, se tambalea con índices de desigualdad preocupantes. Las promesas del gobierno, de un confinamiento estricto y prolongado —al inicio de la pandemia— para equipar el sistema de salud, se transformaron en un sistema colapsado y desabastecido, con dudas en la ciudadanía sobre el destino de los 1600 millones de dólares destinados a enfrentar la pandemia. En un país acostumbrado a las políticas clientelares en años electorales, el sistema de salud evidencia las décadas de desidia del partido Colorado. Es en este contexto que nos parece importante realizar un panorama de la situación política, con sus principales actores y coyunturas, que permitan contribuir al debate.

I. Los Actores

1.1. Mario Abdo Benítez

La situación de Mario Abdo Benítez es incierta. Puede cambiar de un día a otro. Por el momento continúa siendo presidente sin beneficiarse del poder de facto, que continúa en las manos de Horacio Cartes. Mario Abdo llegó a la presidencia sin controlar su partido —con una división profunda—lo que representa una dificultad en términos de gobernabilidad y control del aparato estatal. Abdo en cierta medida derrochó sus dos primeros años, los más importantes para que un gobierno instale sus políticas. Los años que le que quedan son los controlados por la lógica electoral. Ciertamente contó con una baja popularidad desde su llegada al ejecutivo. Sin embargo, su popularidad aumentó levemente durante el inicio de la pandemia. En ese momento, su falta de firmeza y su ambigüedad —tan criticados— dieron lugar a medidas firmes. Frases como “ la economía se puede recuperar pero las vidas no”, o “nadie puede ganar más que el presidente” mostraron un Marito poco conocido. Con un apoyo político poco antes visto a un ministro de Salud, por encima de toda presión de los sectores económicos, Marito sin lugar a dudas benefició del exceso de popularidad de Julio Mazzoleni. Esos momentos gloriosos para el presidente terminaron rápidamente y Marito terminó cambiando a su ministro de salud para evitar ser destituido. Sus decisiones tomaron la dirección contraria al inicio de la pandemia y demostró que el mandato claro que lo había hecho popular volvía a abrir paso a la política tambaleante y pendular que lo caracterizó desde un inicio.

El problema al cuál se enfrenta Marito es que su liderazgo se agotó porque el liderazgo que necesita el país es uno que rompa con el sistema clientelar y con los esquemas de corrupción instalados dentro de la función pública. Abdo no puede presentarse como outsider político, porque viene de una tradición familiar y partidaria que ha gobernado el país en los últimos setenta años. Enfrentar al sistema clientelar es cuestionar sus bases políticas. Enfrentar los esquemas de corrupción no implica únicamente limpiar la función pública, sino por sobretodo, enfrentar a un empresariado que lo ha apoyado abiertamente en varias ocasiones.

Contrariamente a las afirmaciones del secretario privado de Marito, la ingobernabilidad no viene de la oposición, sino por sobretodo de Horacio Cartes. La única posibilidad que tiene Mario Abdo de poder gobernar, de recuperar un poco de popularidad y así poder nombrar un sucesor es sacando a Horacio Cartes del juego político. Su no exclusión durante el gobierno actual, implicaría un retorno triunfal y total de Cartes en 2023. La “Operación Cicatriz” al único que beneficia es a Cartes. Marito difícilmente podrá sacar provecho de dicha Operación, visto que construyó su campaña presidencial bajo una figura anti-cartista, construyendo un conglomerado de pequeños dirigentes que temían perder su feudo por el dinero de Cartes. Toda alianza o negociación lo ensucian más porque refuerzan la imagen de dependencia hacia el expresidente. Para excluir a Cartes, el presidente necesitará de una reforma de la justicia, empezando por el cambio de Sandra Quiñonez, (para lo cual necesitaría de una alianza con la oposición) y posteriormente un trabajo de inteligencia con el apoyo de Brasil y de Estados Unidos. Por el momento, Marito se refugia en su partido, durante el paréntesis del año electoral. Una vez culminada las elecciones municipales tendrá que excluir a Horacio Cartes si quiere finalizar su mandato. Caso contrario, el expresidente realizará lo mismo que hizo en 2012 con Fernando Lugo (Al menos que Marito acepte el juego de Cartes). En Paraguay rara vez las elecciones representaron una voluntad popular, sino más bien la ratificación de acuerdos previos realizados por bloques de poder.

1.2. Horacio Cartes

Lo que se confirmó esta semana, es que los cambios no están al alcance de la simple indignación ciudadana, sino más bien en la figura de Horacio Cartes. Paradójicamente el cartismo ha intentado dilucidar cualquier imagen de sostén del gobierno. Si reconocemos el papel central de Cartes, podemos visualizar su responsabilidad en la situación actual. Al fin de cuentas, si el expresidente tiene la posibilidad de destituir a Marito, o de influenciar en la destitución de ministros, entonces tiene igual o mayor responsabilidad que el propio presidente. El Cartismo por más que intente no puede presentarse como oposición, más allá de la frase de Pedro Alliana “seremos más oposición que la propia oposición”. Esta semana, la bancada de Honor Colorado ha demostrado que es el sostén de Mario Abdo Benítez. Por más que quieran apoyar sin apoyar, forman parte del partido político que gobernó durante décadas.

De igual forma cabría realizar un bemol a este poder total de Cartes: Lo que el ex-presidente no esperaba es que el “desastre ko Marito” se pudiera traducir en un “ANR nunca más” o en un “Que se vayan todos”. El Cartismo no se esperaba que las movilizaciones podían ser itinerantes. Que podían desplazarse de la plaza, a la sede de la ANR, hasta llegar a la residencia del propio Cartes, pasando por Mburuvicha Róga, finalizando con la quema de parte del edificio de la ANR. El “que se vayan todos” es preocupante para la ANR, porque ante cualquier movimiento en falso, y con una división interna dentro del partido, puede abrir las puertas a un outsider político de la oposición. Horacio Cartes debería comenzar a cuidar que sus ataques a Marito no se conviertan en un efecto boomerang.

Lo que incomoda claramente a Cartes son los políticos que atacan de frente, como Efrain Alegre, quien lo atacó de mafioso y narcotraficante; y Juan Ernesto Villamayor, quien no dudó en denunciar el esquema de lavado de dinero que se dio durante su gobierno. Al primero le montó un proceso judicial (poniendo en evidencia su control del poder judicial) y al segundo —conocedor de la justicia paraguaya— lo atacó de forma mediática, hasta terminar por desgastar su imagen y conseguir su salida del gobierno. Lo que más preocupa a Cartes es que se instale una imagen de “narcotraficante” que lo aleje del de “empresario exitoso”. Con el fracaso del gobierno de Marito y sin alternativas dentro de la oposición, lo que existirá es una dominación prácticamente total de Horacio Cartes. El riesgo antidemocrático de que el poder se concentre en una sola persona. Por el momento, lo que busca Cartes es mantener a Marito en un jaque constante, sin efectuar un jaque mate. Ese jaque mate podría vislumbrarse posterior a las elecciones municipales, una vez que Hugo Velazquez asegure su puesto de presidente, sin pasar por el riesgo de elecciones populares.

1.3. La Oposición

La permanencia del partido Colorado no se da únicamente por su control de la estructura del Estado sino también por diversos errores estratégicos de la oposición. Hasta el momento la oposición ha sido incapaz de capitalizar la indignación ciudadana del “ANR nunca más”, porque el “que se vayan todos” también los afecta. Para la ciudadanía, una gran parte de la oposición no representa una diferencia al partido Colorado. Un aprendizaje que queda de los últimos años es que la oposición tiene que jugar siempre en bloque. El problema es que Cartes no dudó en comprar, no solamente al partido Colorado, sino también a sectores de la oposición, generando divisiones, como la que actualmente vive el partido Liberal y como la que vivió Avanza País. De esta forma, un primer trabajo es expulsar al dinero cartista de la oposición para construir unidad. En 2012, el Partido Liberal creyó en la ilusión de que podría ganar las elecciones con unos meses en el poder. El Frente Guasu, no aprendió del terrible antecedente que representa para el la institucionalidad del país el abuso de la amenaza de juicio político constante. Con una eventual salida de Marito del Ejecutivo, asume Velazquez, quien como buen oportunista que es, no tendrá problemas en alinearse detrás de Horacio Cartes. En vistas a consolidar la oposición para las próximas elecciones, Efrain Alegre debería dar un paso al costado, porque su figura no aglutina, como bien lo mostraron las dos últimas elecciones, más allá de sus denuncias contra Cartes, y más allá del rol sobreactuado de mártir político que jugó durante su estadía en la prisión. Si la oposición quiere tener una oportunidad, debería comenzar a buscar sus candidatos en la juventud. La oposición debería acentuar la división que existe entre Cartes y Marito, para construir una alternativa dentro de esa brecha, como en parte sucedió en 2008 y con la llegada de Miguel Prieto en Ciudad del Este. Es decir, si la oposición quiere ganar tiene que dividir al partido Colorado, buscar un/a candidato/a joven y unirse en una misma alianza.

La oposición carece de figuras que aglutinen la oposición y hagan frente al partido Colorado. En los últimos años, las diputadas que presentaron el libelo acusatorio en el juicio político (Kattya Gonzalez y Celeste Amarilla), fueron acumulando protagonismo desde hace un tiempo gracias a sus críticas constante al gobierno y al propio Cartes. Miguel Prieto, intendente de Ciudad del Este, también se está ganando un apoyo por su combate a la mafia de los Zacarías. La oposición necesita de la estructura del partido Liberal para poder ganar, sin embargo ningún candidato liberal tiene posibilidad de ganar las presidenciales. Dicho partido se encuentra desgastado por sus divisiones internas entre el sector efrainista y el llanismo. Eduardo Nakayama está realizando un trabajo lento de renovación del partido, pero todavía le queda mucho trabajo de visibilidad para poder tener una proyección nacional. El Frente Guasu cuenta con una base electoral fuerte que le asegura una cantidad de parlamentarios pero no consigue construir “hegemonía” por fuera de su base sobretodo rural (a diferencia de los candidatos/as mencionados anteriormente). Dentro de dicha agrupación, la figura de Esperanza Martinez es la que más aglutina, pero con escasa proyección presidencial. La oposición tiene que comenzar su estrategia política ahora, en el marco de las elecciones municipales. Tiene que asegurar su continuidad en Ciudad del Este y Encarnación. Al mismo tiempo, tiene que hacer un gran esfuerzo por disputar Asunción, con pocas posibilidades, pero con la necesidad de construir un proyecto a largo plazo. A su vez, debe tejer una alianza que se presente en la mayor parte de las localidades del país. Una vez asegurado las bases locales, debe comenzar a construir una estrategia a nivel nacional de manera conjunta, en vista a las elecciones presidenciales.

II. La coyuntura.

2.1. Elecciones municipales

Un elemento que diluyó la posibilidad de un juicio político dentro del coloradismo son las elecciones municipales en octubre de este año (y sus respectivas internas partidarias). Por un lado, el hecho de ser un año electoral, impide a Marito de concretar un gobierno de unidad nacional (con participación de la oposición) en el marco excepcional de la pandemia. Al mismo tiempo, al partido Colorado no le conviene una división en tiempos electorales. El riesgo es muy grande. El hecho que no convenga no quiere decir que las divisiones de las internas coloradas no emerjan fuertemente. Contrariamente al análisis superficial que limita la crisis política a la crisis sanitaria, no hay que olvidar que la crisis política se desata cuando Marito comienza a realizar cambios en el gabinete para beneficiar a su candidato a intendente de Asunción, Daniel Centurión.

Las elecciones municipales, sobretodo en Asunción van a marcar el termómetro del conflicto Marito-Cartes, pero no van a resolver el conflicto. Las municipales ponen por un lado en evidencia el fracaso de la operación Cicatriz, y por el otro, reproducen el mismo esquema de la disputa entre Mario Abdo y Santiago Peña en las internas coloradas de 2017: Nenecho Rodríguez, representa un electorado joven, sin ser un verdadero colorado (como lo fueron Cartes y Peña) que cuenta con el dinero de Cartes. Daniel Centurión, representa la base del partido, visto que conoce el sistema y tiene el apoyo de una gran parte de los seccionaleros. Es un “añetete” puro. En una elección general sin lugar a dudas Nenecho saldría ganando fácilmente, pero en unas internas partidarias, las elecciones pueden estar más reñidas, sabiendo el dominio de la estructura partidaria de Centurión. El partido Colorado tiene que estar unido para las elecciones, como siempre lo estuvo. Al Cartismo no le conviene destituir a Marito en este contexto, es preferible después de las elecciones municipales. Van a intentar posicionar a alguien de su confianza en la presidencia del Senado para tener el camino libre para un juicio político. Posteriormente, van a dejar gobernar tranquilamente a Hugo Velazquez, siempre y cuando Horacio Cartes pueda indicar su candidato presidencial para 2023.

2.2. Corrupción generalizada

La salida de Julio Mazzoleni, lejos de resolver la situación simplemente ponen evidencia el sistema de corrupción que se creó entre las empresas privadas farmacéuticas y los funcionarios/seccionaleros colorados, controlados en gran medida por Lilian Samaniego. Vivimos en una sociedad que se encuentra absorbida por la corrupción desde todos los sectores. Si antes se hablaba únicamente de la corrupción dentro del sistema público, hoy en día se observa con mayor claridad la corrupción del sector privado y el impacto que tiene para el buen funcionamiento del Estado. Hay manifestaciones contra los políticos pero rara vez vimos manifestaciones contra estas proveedoras que se enriquecen discretamente y sin cesar con el dinero del pueblo. Además de la corrupción en el sector público y privado, hemos observado (con mucho menos visibilidad) ciertos esquemas de corrupción en los medios de comunicación, en los cuales periodistas chantajean a los políticos para “cuidar su imagen”. Al igual que en el Estado, ciertos periodistas se encargaron de realizar cajas paralelas, ofreciendo “asesoría de imagen” a los políticos, como forma de aumentar sus recursos. Otra forma de corrupción que constatamos es la de ciertos clanes políticos, que no necesariamente ocupan la cabeza del ministerio pero que controlan la estructura administrativa de los mismos. Durante estos últimos meses hemos visto como el clan Samaniego controla las licitaciones del Ministerio de Salud, nombra viceministros, controla el Instituto de Previsión Social y parte de las designaciones políticas del Ministerio de Relaciones Exteriores. Lilian Samaniego ha demostrado en varias ocasiones su rechazo a cualquier forma de profesionalización de la función pública, privilegiando los cupos políticos y mecanismos clientelares, todo ello con la complicidad del ejecutivo.

Finalmente, durante la misma crisis política, observamos abiertamente la corrupción de los sindicatos de transporte, quienes mediante sus relaciones familiares (el nepotismo no se da únicamente en el Estado) utilizan los medios de comunicación para enriquecerse a costa del mal servicio que brindan, evitando toda reforma del sistema de transporte público, cobrando subsidios opacos que el gobierno no transparenta, mientras los transportistas realizan reguladas criminales en uno de los momentos más críticos de la pandemia.

A estas formas de corrupción no podemos olvidarnos de incluir al narcotráfico. La incautación de más de 20 toneladas de cocaína en Europa, provenientes del Paraguay y el amotinamiento que conllevó al asesinato de 7 prisioneros en Tacumbu, no es una simple casualidad. Existe una disputa de poder dentro de la narcopolítica que puede transformar el escenario electoral en una batalla sangrienta. Más teniendo en cuenta que en los tiempos electorales el dinero del tráfico de drogas circula libremente. Debe preocuparnos que el conflicto político se convierta, en un futuro cercano, en un río de sangre de personas inocentes. Si consideramos estos esquemas de corrupción presentes en las instituciones públicas, en los medios de comunicación, en el sector privado y en el tráfico de drogas, al parecer la crisis que estamos viviendo no es únicamente sanitaria o política, sino general, una crisis como sociedad toda.

2.3. Cambio de ministros/as.

La renuncia de Julio Mazzoleni no resuelve el problema de la salud pública. No porque el cambio se dio dentro del mismo equipo del ex ministro, sino más bien porque el cambio que necesita el ministerio no es un cambio de cabeza, sino una reforma integral. La llegada de las vacunas tampoco resolverá el problema. El partido Colorado comienza a sufrir (muy lentamente) el desgaste histórico de su sistema clientelar corrupto y Mario Abdo no demostró predisposición para tocar las roscas mafiosas que controlan la salud pública. El gobierno pone en evidencia el malabarismo que debe realizar para, por un lado, mostrar una buena gestión, y por el otro, contentar sus bases electorales. La pandemia sólo puso en evidencia la desidia en la cual se encuentra el sistema de salud pública paraguayo. Por más que inviertan más que los últimos gobiernos, nunca van a poder cambiar en un año, todo lo que no se invirtió en las últimas décadas. La política sanitaria no se improvisa, se construye lentamente. El único responsable de esa desidia es el partido Colorado, del cual forman parte, Horacio Cartes y Mario Abdo Benítez. En salud, no se trataba del cambio de Mazzoleni, sino de una reforma total del sistema de la salud. Una reforma que choca con la rosca mafiosa de las empresa proveedoras de medicamentos y de la cadena de distribución de los mismos, una reforma para que el Estado en lugar de financiar los seguros privados invierta en el sistema público. Una reforma para que los servicios del IPS y del Ministerio de Salud trabajen de forma articulada sin superposición de servicios. O como mínimo que rompa con el control del clan Samaniego sobre el sistema de salud pública. Lejos de una reforma completa, el presidente propuso un cambio de cabeza que no representará una mejora de la calidad de vida de los/as paraguayos/as. En el ministerio de educación sucedió algo parecido, el hecho que el ministro se preocupe por la definición de la “familia tradicional”, muestra claramente el fracaso de la política educativa durante el gobierno de Marito. Lejos de asumir un liderazgo fuerte para llevar a cabo una reforma estructural del sistema educativo, nos encontramos con una intromisión de la iglesia en el Estado que no va a resolver la crisis de la educación en Paraguay. Todo esto para asegurar su gobernabilidad ante el fracaso de su liderazgo.

Marito va a intentar salvar a Arnaldo Giuzzio y Arnoldo Wiens. El primero (quien conjuntamente con Carlos Arregui, Emilio Fuster y Zully Rolon) es el que le puede ayudar a liberarse de Horacio Cartes si consigue una investigación seria sobre las especulaciones que existen en torno al expresidente. El segundo, porque es el potencial sucesor de Marito. Si Wiens quiere ser candidato va a tener que limpiar su cartera de los escándalos de corrupción. Al mismo tiempo que combate la corrupción tendrá que cuidar de no repetir el mismo error que Mazzoleni, de terminar con una baja ejecución.

En pocas palabras, Marito, con sus últimos cambios, se preocupó más en complacer a ciertos sectores de poder (al cartismo y al sector conservador de la iglesia católica) en lugar de ofrecer soluciones concretas que mejoren la calidad de vida de la mayoría de la población paraguaya. Ninguna de estas designaciones generan esperanzas de algún cambio para el país visto que la población está cansada de ministros nombrados para beneficiar a los sectores de poder. No solamente Mario Abdo Benítez no fue destituido, por decisión de Cartes, sino que los cambios de gabinete realizados demuestran lo poco que puede esperar la ciudadanía, visto que el gobierno se encuentra atrapado en asegurar su sobrevivencia.

3 comentarios sobre “El Marzo paraguayo que no fue. Un análisis de la coyuntura política paraguaya.

  1. Excelente análisis de coyuntura. En un momento oportuno para detenernos y tomar el pulso a lo que nos está pasando y lograr de esta manera una mayor toma de conciencia y acertada proyección.

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    1. Julien, gracias por este análisis y registro. Hay ahora, (hay hoy día, personas que se están poniendo de acuerdo con Nano Galaverna) una posibilidad (como también por Chile creo) de postergar las elecciones. Personalmente, me parece una excelente idea para que no haya aun más contagios… los hospitales y personas de blanco están desbordados y las fiestas clandestinas y manifestaciones no ayudan la situación. Claro, no tenemos vacunas… es una situación más que angustiante… pero pregunto, ¿ porque vamos a suicidarnos (aglomerándonos innecesariarmente) así causando más estragos y muertos en los hospitales?

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